
La especialista en nutrición clínica y medicina integrativa pide incluir la prevención y los imprevistos en el presupuesto antes de adoptar o comprar un perro o un gato
Advierte de que hay tratamientos que no se pueden abaratar sin poner en riesgo la recuperación del animal
Cuando vamos a adoptar un gato, solemos hacer unas cuentas básicas que incluyen cosas como el pienso y las vacunas, pero la factura que de verdad puede descuadrar el presupuesto familiar llega el día en que el animal enferma. Es lo que defiende la veterinaria Alessia Saguato en una entrevista con La Vanguardia en la que plantea una comparación: “Consideramos normal gastar dinero en un móvil de última generación, pero vemos los gastos veterinarios como algo extraordinario”.
La factura que no se ve venir. Saguato es veterinaria especialista en nutrición clínica y medicina integrativa. Su punto de partida es que tener un animal no es tener un juguete temporal, sino que supone asumir una responsabilidad económica durante toda su vida. Esto no solo cuenta la comida o las desparasitaciones, sino también otros gastos que se infravaloran como los controles preventivos, analíticas periódicas, salud dental y sus necesidades nutricionales específicas.
También debes tener en cuenta que aunque un cachorro sano tiene unas necesidades veterinarias bastante sencillas inicialmente, este mismo animal puede acabar teniendo una enfermedad que obligue a mantener tratamientos y controles durante años. Por eso, explica, la medicina preventiva tiene que entrar en el presupuesto desde el principio, y antes de adoptar o comprar conviene valorar tanto cuánto cuesta mantenerlo sano como si podremos asumir lo que necesite cuando enferme.
Cuando la familia no puede pagar. La especialista cree que en muchos casos estamos infravalorando lo que supone convivir con un animal, y que la atención sanitaria forma parte de las necesidades básicas de cualquier mascota. Cuenta que se ha encontrado con familias que acaban descubriendo que no pueden afrontar las pruebas o los tratamientos que necesita su animal, y otras que van posponiendo las revisiones, sobre todo cuando no hay síntomas evidentes, y esto acaba siendo lo peor para su mascota.
Cuando aparece una enfermedad grave y no hay dinero para tratarla, la situación se vuelve muy difícil tanto para el propietario como para el veterinario, porque a veces el animal necesita una operación o una hospitalización que la familia no puede pagar. Los profesionales intentan buscar alternativas y priorizar las pruebas siempre que sea médicamente posible, pero hay tratamientos cuyos costes no se pueden reducir sin comprometer las posibilidades de recuperación.
El cariño no paga el veterinario. Según Saguato, si una persona no llega a final de mes y ya tiene problemas para cubrir sus propias necesidades básicas, no debería incorporar a otro ser vivo que va a depender por completo de ella. “Debemos dejar de confundir el amor por los animales con la capacidad real de ofrecerles los cuidados que necesitan”, afirma.
Pero con esto no se refiere a las familias que llevan años con un gato y de repente tienen problemas económicos, sino a quien decide adoptar o comprar sabiendo que no llega a fin de mes y ni siquiera podrá afrontar un imprevisto relativamente habitual.
Ahorro, seguro y calendario. Para las familias que saben que les costaría afrontar una urgencia, su receta pasa por planificar con antelación los cuidados y las revisiones, y por apartar, en la medida de lo posible, una cantidad para imprevistos. El seguro veterinario también puede ser una opción, siempre que se revisen bien las coberturas, las exclusiones y las condiciones de la póliza.
Y avisa de que, cuando hay problemas de dinero, lo primero que se suele aplazar es la prevención, y se retrasan revisiones y analíticas porque el animal parece estar bien. “Sin embargo, la enfermedad no espera a que mejore la situación económica”, recuerda. Para llevar los cuidados al día, Saguato cuenta que ha puesto en marcha la aplicación Whopaws, que reúne recursos sobre alimentación y salud animal e incluye un calendario para programar revisiones, vacunas y tratamientos, aunque reconoce que no soluciona las dificultades económicas.
Su última reflexión de la veterinaria va para quien esté pensando en llevar un perro o un gato a casa: una decisión así no puede construirse sobre la esperanza de que el animal nunca se ponga enfermo, y si no podemos asumir una revisión o un tratamiento básico, conviene preguntarse antes qué pasará el día en que necesite una hospitalización urgente. “Para mí, querer a un animal también significa reconocer cuándo nuestras circunstancias no nos permiten ofrecerle las condiciones que merece”, concluye.
Foto | Werzk Luuuuuuu
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