
El ejemplar, un macho joven que rescató la asociación AMUS en el Valle de Matachel (Badajoz), dejó el nido antes de tiempo por culpa del calor
La suelta abrió "Planeta I: irrepetible", una campaña sobre cómo afectan las temperaturas extremas a la fauna
El 29 de septiembre de 2026, la divulgadora Odile Rodríguez de la Fuente devolvió a la naturaleza, en el Valle de Matachel (Badajoz), una joven águila imperial ibérica que se había pasado el verano recuperándose tras abandonar el nido antes de tiempo. El ave se llama Félix en homenaje al padre de la divulgadora, Félix Rodríguez de la Fuente, y ha vuelto a volar con un emisor GPS que permitirá seguir sus movimientos. La propia Odile, licenciada en Biológicas, fue la encargada de soltarla.
Rescatada a principios de julio. Pero la historia de Félix empieza bastante antes. El ejemplar apareció a principios de julio en ese mismo valle, al borde de la muerte, después de dejar el nido cuando todavía no estaba preparado para ello. Y es que, siempre según la asociación AMUS (Acción por el Mundo Salvaje), el responsable fue el estrés térmico que provocaron las altas temperaturas.
Desde allí lo trasladaron al Hospital de Fauna de AMUS en Villafranca de los Barros, donde pasó alrededor de dos meses recuperándose. Eso sí, el trabajo del equipo no consistió únicamente en devolverle la forma física, ya que también tuvieron que ayudarlo a desarrollar los comportamientos propios de un águila joven.
Siete pollos en un verano. Lo de Félix, de hecho, no es un caso aislado. AMUS rescató durante el verano de 2026 siete pollos de águila imperial que dejaron sus nidos de forma prematura en plena época de calor, porque esos nidos pasan buena parte del día expuestos al sol. Su presidente, Álvaro Guerrero, llegó a explicar que algunos de ellos “se lanzaron al vacío”, según recoge la misma emisora.
Y una vez en el suelo los problemas no hacen más que empezar, porque los pollos quedan expuestos a las duras condiciones del terreno y a depredadores como zorros, perros o jabalíes, sin contar con que sus padres pueden dejar de alimentarlos. Vamos, que dar con ellos pronto puede ser decisivo para poder trasladarlos a un centro especializado.
Águilas adultas como tutoras. La recuperación de estos pollos dura unos dos meses y tiene una parte que no se ve a simple vista. “No es solamente un desarrollo físico, sino que también es un desarrollo psicológico”, aseguró Guerrero. Los jóvenes se separan de sus padres en una etapa muy delicada, por lo que el objetivo es que la mano humana interfiera lo menos posible en su comportamiento natural.
Para conseguirlo, la asociación tira de águilas imperiales adultas que no pueden volver a la naturaleza y que hacen de tutoras, de manera que los pollos aprenden de ellas a comportarse como lo que son y a mantener las distancias con las personas.
Un GPS para seguirle la pista. Félix, como otros ejemplares que libera AMUS, ha regresado al campo con un emisor GPS. Ese pequeño aparato permitirá al equipo técnico saber por dónde se mueve, qué zonas utiliza, a qué amenazas se enfrenta y cómo se va adaptando a la vida en libertad, algo que tiene todavía más interés en un ave joven que está aprendiendo a desenvolverse en su territorio.
Y no es un detalle menor en el caso de los juveniles, porque el Plan de Recuperación del Águila Imperial Ibérica en Extremadura, aprobado en 2015, recoge que los ejemplares jóvenes e inmaduros mueren con frecuencia electrocutados o tras chocar con tendidos eléctricos.
Una especie todavía en peligro. El águila imperial ibérica (Aquila adalberti) es endémica de la península ibérica y figura en la categoría En peligro del Libro Rojo de las aves de España, según la ficha de la especie de SEO/BirdLife. La organización reconoce que se ha ido recuperando durante las últimas décadas, aunque apunta a la alta mortalidad juvenil asociada al ser humano como su principal amenaza.
Entre las causas, según la misma ficha, están el veneno, la electrocución, la escasez de conejo y la destrucción y fragmentación del hábitat. La electrocución, por cierto, ha disminuido considerablemente desde los años ochenta y noventa, cuando se consideraba el principal problema.
La suelta de Félix abrió además la campaña “Planeta I: irrepetible” de AMUS, que quiere llamar la atención sobre cómo afectan las temperaturas extremas a la fauna, desde los pollos que abandonan el nido hasta las aves que caen de refugios convertidos en trampas térmicas. Odile Rodríguez de la Fuente, que eligió el nombre de su padre porque cree que el ave “representa esa esperanza”, pidió durante la suelta “que mi padre, desde donde esté, ayude a este águila”.
Imagen de portada | Wikimedia
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