Pam Johnson-Bennett, experta en conducta felina: "Castigar a tu gato es un error porque no actúan por despecho ni desobedecen aposta; su conducta cumple una función"

Paul Hanaoka W2dss Zap4u Unsplash


  • La autora de 'Think Like a Cat' presenta 'Tender Loving Cat', un libro sobre cómo mejorar el día a día del gato y el vínculo con quienes lo cuidan

  • Fue vicepresidenta de la IAABC y explica qué solemos hacer mal con el arenero, el entrenamiento y las casas con varios gatos

Redacción Coco y Maya

Editor

Castigar a un gato porque araña el sofá o hace sus necesidades fuera del arenero es, según la consultora de comportamiento felino Pam Johnson-Bennett, un error que parte de una idea equivocada sobre por qué los gatos hacen lo que hacen. Así lo explica resumiendo su manera de trabajar en una idea bastante sencilla: toda conducta del gato cumple una función, aunque a nosotros no nos haga ninguna gracia.

Cuatro décadas en casa de los gatos. Johnson-Bennett empezó como consultora en 1982 y, tal y como recuerda la entrevista, en aquella época el asesoramiento sobre comportamiento felino apenas estaba desarrollado, así que sus visitas a domicilio ayudaron a sentar las bases de una especialidad que pone las necesidades del gato en el centro. Fue vicepresidenta de la Asociación Internacional de Consultores de Comportamiento Animal (IAABC), donde fundó y dirigió la división felina, y aunque ya no atiende consultas privadas, sigue divulgando a través de libros como ‘Think Like a Cat’ o ‘Cat vs. Cat’.

Y en estos más de 40 años, según cuenta, lo que más ha cambiado es la importancia que se da a la vida emocional de los animales, también en las clínicas veterinarias, donde cada vez más centros se apuntan a programas para reducir el estrés de las visitas como Fear Free. Cuando empezó, en cambio, la mayoría de sus clientes dudaba de que se pudiera modificar la conducta de un gato y, todavía menos, entrenarlo.

Pero hay una creencia que se le sigue resistiendo, la de que los gatos se portan mal a propósito y que hay que castigarlos por ello. La experta insiste en que el castigo no tiene cabida, aunque reconoce que es una tarea difícil. En esa misma línea van las guías felinas de la AAHA y la AAFP, dos asociaciones veterinarias estadounidenses (la American Animal Hospital Association y la American Association of Feline Practitioners), que desaconsejan castigar a los gatos porque lo único que se consigue es asustarlos y deteriorar el vínculo con sus cuidadores.

Pensar como un gato. Cuando alguien le pregunta cómo conseguir que su gato deje de hacer algo, Johnson-Bennett propone cambiar de perspectiva y plantearse otra pregunta, la de qué función cumple esa conducta. Lo primero, explica, es valorar si hay una causa médica detrás, y después preguntarse qué saca el gato con ese comportamiento, ya que si no le aportara algún beneficio no lo repetiría.

Una vez identificado el motivo, se trata de cambiar las circunstancias y ofrecerle una alternativa mejor. Pone como ejemplo de los muebles arañados, porque el gato no lo hace por maldad, sino porque tiene una necesidad natural de arañar, y si no le hemos dado un rascador adecuado buscará otro objeto que cumpla esa función. Vamos, que si le consigues uno que le encaje, ya no necesitará los muebles para eso.

Y no pasa solo con los arañazos, porque esconderse, bufar, morder o hacer sus necesidades fuera del arenero son comportamientos que solemos ver como problemas que hay que eliminar y que para la experta son una forma de comunicación. Cuando un gato muerde, solemos castigarlo en lugar de preguntarnos si habíamos ignorado sus primeras señales de aviso o si morder fue la única manera que encontró de que dejáramos de hacer lo que estábamos haciendo. E intentar impedir una conducta normal y necesaria, advierte, hará que el gato se sienta frustrado, confundido y, muchas veces, que acabe teniéndote miedo.

Lo que esconde el arenero. Visitar las casas le servía para ver lo que nunca aparece en la descripción de un problema, porque alguien puede asegurar que el arenero está limpio y resulta atractivo para su gato y, cuando lo ves (y lo hueles), la realidad es otra. También comprobó que a las familias les resultaba más fácil aplicar sus recomendaciones si las acompañaba de habitación en habitación enseñándoles cómo hacerlo, y que a algunas personas, angustiadas por el problema de su gato, el simple hecho de sentirse escuchadas les devolvía la esperanza antes de empezar a trabajar en la conducta del animal.

El sitio del arenero importa: Precisamente el arenero es, según Johnson-Bennett, uno de los grandes olvidados del entorno que creamos para el gato. Mucha gente da por hecho que el animal quiere la misma intimidad que nosotros en el baño y por eso le pone un arenero cubierto o lo coloca en un rincón apartado, pero para el gato pesa más la seguridad que la intimidad, porque no quiere sentirse atrapado ni expuesto a que otro gato le tienda una emboscada.

Pero hay otra pega, ya que cuando el arenero está cubierto o en un sitio poco práctico es más fácil descuidar la limpieza y la retirada de residuos, algo que ella misma veía a menudo en sus consultas. Por eso defiende que el tamaño y el tipo de arenero, su limpieza, la arena y la ubicación respondan a lo que necesita el gato, y recuerda que, aunque los queramos como a un miembro más de la familia, conviene reconocer sus necesidades como gatos.

Entrenar también es hablar. Para la experta, entrenar a un gato tiene que ver sobre todo con la comunicación entre el animal y quien lo cuida, y su enfoque tiene dos vertientes. La primera consiste en ayudarle a sentirse cómodo en situaciones cotidianas o que puedan darse en el futuro, de manera que si le enseñas poco a poco y de forma positiva a estar a gusto dentro del transportín y a viajar en coche, la visita al veterinario será mucho menos estresante que si lo metes a la fuerza el día que toca ir.

Lo mismo se aplica a cortarle las uñas, cepillarlo, cogerlo en brazos, darle medicación o enseñarle a responder cuando lo llamas por su nombre. La segunda vertiente pasa por establecer normas de convivencia en casa y ponérselo fácil para cumplirlas, lo que incluye trabajar conductas como subirse a la placa de la cocina, salir corriendo en cuanto se abre la puerta o pedir comida, y aquí su receta empieza por averiguar por qué lo hace para después ofrecerle una alternativa mejor, sin perder la constancia.

¿Y cómo saber si a un gato le apetece que lo toquen? Según la experta, entrenar implica pedir permiso, observando su lenguaje corporal para comprobar si quiere interactuar y aumentando poco a poco la cercanía. Si no le gusta estar en brazos o se tensa cuando lo tocas, propone empezar con una sola caricia suave seguida de una golosina, sin acercarse a cogerlo de golpe, y terminar cada sesión de forma positiva para que esté más receptivo en la siguiente, porque todos los animales se sienten más seguros cuando pueden elegir.

Que no dé guerra no basta. Mucha gente cree que su gato es feliz porque come, duerme, utiliza el arenero y no da problemas, pero la experta recuerda que esas conductas responden a la supervivencia y que los gatos también necesitan jugar y relacionarse, además de disfrutar del cariño de la manera que les resulte más cómoda. Según explica, el término “enriquecimiento ambiental” se ha popularizado en las dos últimas décadas, a medida que se ha entendido que un gato necesita algo más que refugio, comida, agua y un sitio para hacer sus necesidades, y que no ver un problema evidente no significa que esté libre de estrés, miedo, intimidación o aburrimiento.

Eso se nota especialmente en las casas con varios gatos, un terreno en el que fue pionera y al que dedicó ‘Cat vs. Cat’, que su propia web presenta como el primer libro centrado en estos hogares. Los gatos suelen recurrir a la postura corporal y al marcaje para evitar el enfrentamiento físico, de modo que puede haber tensión sin peleas ni pelo volando, como un gato que no entra a comer en la cocina hasta que el otro ha terminado y se ha ido, o uno que se tumba tranquilamente delante de una habitación donde hay un recurso valioso. Puede parecer casual, aunque en realidad podría estar bloqueando el paso a propósito, y por eso insiste en aprender a leer su lenguaje corporal.

Su nuevo libro, ‘Tender Loving Cat’, nace de todas esas personas que, a lo largo de sus años de consulta, no entendían por qué no tenían con su gato la relación cariñosa que parecían tener otras personas. Johnson-Bennett cree que quien acoge a un animal en casa no solo debe cubrir sus necesidades físicas y médicas, alimentación incluida, sino también las emocionales, y que la satisfacción de saber que tu gato es feliz compensa con creces.

Una última cosa a tener en cuenta: Si tuviera que pedir un único cambio a quienes conviven con gatos, sería que recordaran que toda conducta cumple una función. Un comportamiento que no queremos puede frustrarnos o enfadarnos, reconoce, pero lo que hace el gato es completamente normal, y nuestro trabajo consiste en entender qué nos está diciendo con él, porque el gato depende de nosotros y, en palabras de la experta, hay que ser “su defensor, no su enemigo”.

Imagen de portada | Paul Hanaoka 

En Coco y Maya | Emiliano Linardi, comunicador especializado en felinos: la persona favorita de los gatos suele ser la que respeta sus límites

Ver todos los comentarios en https://www.cocoymaya.com

VER 0 Comentario
↑