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Víctor Algra, veterinario y divulgador: "Es aterrador el silencio que mis gatos dejan cuando faltan, aunque nunca hagan ruido"

El veterinario y autor de ‘Animales de ciudad’ habla del duelo por la pérdida de sus animales, y de cómo es procesado por las personas.

Zeke Tucker
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redaccion

Redacción Coco y Maya

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Víctor Algra es veterinario, divulgador y rostro habitual de la televisión, y cuando le preguntan por la huella que dejan los animales en casa lo resume con una frase familiar para muchos dueños: “Cuando nos faltan es aterrador el silencio que dejan aunque nunca hayan hecho ni un solo ruido”. Lo cuenta en una entrevista en la que habla de cómo llegaron sus animales y de lo que comparte con ellos cada día.

Llegaron sin buscarlos. Su casa la comparten Epi y Blas, dos gatos de pelaje anaranjado que aparecieron en su vida sin que nadie los fuera a buscar, algo que, según cuenta, le ha pasado con todos sus animales. “Los animales que hoy forman parte de nuestra familia llegaron, como todos los demás, sin buscarles y por azar. Ellos siempre han sabido encontrarnos cuando nos necesitaban”, explica. Pero tener la consulta metida en casa tiene su contrapartida, porque el veterinario reconoce que “siempre estoy con un ojo atento en si queda algo por hacer, algo que mejorar”.

Esa vigilancia pesó todavía más con los animales rescatados, como su recordada Maricórcoles. “Llegaron con una salud muy comprometida e historias difíciles detrás y siempre he sentido una gran responsabilidad por ofrecerles lo mejor para intentar compensar lo mal que les había tratado la vida”, recuerda, y deja claro que nunca los ha tratado como un accesorio: “No les he visto como mascotas en ningún momento”.

El guardián de las noches. Y es que en esa casa los horarios los marca, sobre todo, Blas. “Él tiene los horarios de ir a dormir muy pillados y, cuando es hora de hacerlo, empieza a ponerse nervioso si me retraso y me espera en la cama o viene a buscarme. Definitivamente es el guardián de las siestas y las noches”, cuenta entre risas. Algra admite que “en horas de sueño me superan, eso seguro”, y que verlos dormir le parece muy terapéutico, sobre todo frente a un día a día de prisas y redes sociales en el que, como él mismo dice, ellos se limitan a estar ahí.

Que un gato duerma muchas horas entra dentro de lo esperable, pero lo que de verdad conviene vigilar es el cambio. Como ya te hemos contado, la veterinaria Jessica Vogelsang advierte de que un gato cariñoso que de repente no tolera que lo cojan, que duerme bastante más de lo habitual o que empieza a esconderse puede estar ocultando dolor, y en esos casos toca pasar por el veterinario. Vamos, que conocer las manías de tu gato a la hora de dormir no sólo es entrañable, también es la mejor forma de notar cuándo algo se tuerce.

El libro entero de su vida. De esa convivencia sale buena parte de su novela, ‘Animales de ciudad’, que según explicó a la revista del Colegio de Veterinarios de Madrid nace del día a día de la clínica. Este libro tiene un fuerte componente autobiográfico y aborda el desgaste psicológico de la profesión ante el sufrimiento animal, la eutanasia y el duelo. Ahí encaja su idea más repetida: “Los humanos disfrutamos de una vida más larga y ellos nos acompañan solo durante una parte de ese camino, convirtiéndose en un capítulo de nuestra propia historia. Para ellos, en cambio, nosotros somos el libro entero de la suya”.

Por eso, cuando piensa en los perros que ha visto correr por los linares de Segovia, lo que le sale es gratitud. “Solo espero que me recuerden a mí como un buen escritor del libro que les tocó vivir conmigo, uno que intentó hacerlo lo mejor que pudo para que fuesen muy felices”, dice, convencido de que sus animales le han enseñado a dar “más valor a las pequeñas alegrías, las que se pueden acariciar y viven en los paseos tranquilos”.

Un duelo que ya se mide. Ese silencio del que habla Algra tiene ya traducción en cifras. Un estudio de Philip Hyland, profesor de Psicología de la Universidad de Maynooth (Irlanda), recopiló los datos de una encuesta a 975 adultos del Reino Unido. La conclusión fue que el 7,5% de quienes habían perdido una mascota cumplía los criterios del trastorno de duelo prolongado, una proporción parecida a la de perder a un amigo íntimo (7,8%) o a la pareja (9,1%).

Pero hay un dato que llama todavía más la atención, porque el 21% de quienes habían pasado por la muerte de un animal y la de una persona eligió la del animal como la que más les había dolido. Hyland recuerda que los manuales psiquiátricos sólo permiten diagnosticar este trastorno tras la muerte de una persona, pide que se incluya también a las mascotas para que quien necesite atención clínica pueda acceder a ella y señala que muchos dueños viven este duelo con vergüenza y aislamiento.

Sin días de permiso. En el terreno laboral, ese dolor todavía no tiene reconocimiento. El Estatuto de los Trabajadores reconoce en su artículo 37.3 dos días de permiso retribuido por el fallecimiento del cónyuge, la pareja de hecho o un pariente hasta el segundo grado, y cinco por su enfermedad grave u hospitalización, pero no dice nada de los animales. El propio Algra ha defendido que deberían existir permisos para cuidar a animales enfermos siguiendo el modelo italiano.

Imagen | Zeke Tucker

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