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Los veterinarios confirman que si tu gato se acurruca en tu cabeza para dormir eres un afortunado, pero no busca absorber tu estrés

Es una muestra de confianza y tiene mucho que ver con el calor y con tu olor, pero el estudio que se cita para hablar del estrés concluye casi lo contrario cuando mimas al gato en un mal momento.

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redaccion

Redacción Coco y Maya

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Que tu gato decida pasar la noche en el hueco de tu almohada junto a tu cabeza tiene más que ver con la confianza que con intentar calmarte. Es el confiar en ti y buscar tu calor y tu olor lo que le hace quedarse ahí.

Lo que no está tan claro es esa creencia popular de que lo haga para quitarte las preocupaciones de encima, porque el estudio de Frontiers in Psychology que se suele citar para defenderlo apunta en realidad en otra dirección.

Una señal de confianza. Según explica la veterinaria etóloga Wailani Sung en PetMD, cuando tu gato duerme es cuando más expuesto está, así que si elige hacerlo pegado a tu cabeza es porque confía en que contigo no le va a pasar nada. A eso se suman dos motivos bastante más prácticos. Primero que la cabeza suele ser lo único que queda fuera de las mantas cuando tú duermes, y segundo que en ella hay glándulas que concentran tu olor, algo que hace que el gato se sienta seguro y comparta contigo ese olor común de la familia.

Busca calor, y mucho. Debes entender que los gatos están a gusto a temperaturas que a nosotros nos parecerían de pleno agosto, porque según recoge la revista Veterinary Ireland Journal, el National Research Council sitúa la zona termoneutral del gato entre 30 y 38 grados. Vamos, que tu cabeza en mitad de una noche de invierno es para él una pequeña estufa que encima huele a casa. Un sitio perfecto para dormir calentito y seguro.

Lo de leer tus emociones. La idea de que además te absorbe el estrés viene de una pieza que recuerda que los gatos se fijan en tu tono de voz, en tus movimientos y en tu postura, y que no tienen ningún sexto sentido, sino una buena capacidad para leer cómo estás. John Bradshaw, autor de ‘Cat Sense’, defiende que los gatos no interpretan nuestras emociones igual que los perros, aunque sí pueden asociar gestos y tonos con experiencias anteriores. Y algo de base tiene, porque en el estudio de Moriah Galvan y Jennifer Vonk, de la Universidad de Oakland, los gatos mostraron una sensibilidad moderada a las expresiones de alegría y de enfado, sobre todo cuando venían de su dueño.

Tus enfados también les llegan. Pero reconocer una emoción no es lo mismo que quitártela de encima. Tu gato no busca relajarte, pero los estudios han apuntado que tu mal humor sí les afecta a ellos. En el estudio de la Universidad de Bari publicado en la revista Animals en 2020, diez gatos domésticos fueron capaces de relacionar caras y voces de enfado o de alegría de personas que no conocían, y mostraron más conductas de estrés ante la ira humana que ante la felicidad. Por lo tanto, cuidar de tu estrés también le viene bien a tu gato, además de cuidar sus rutinas y sus juegos.

De dónde sale que tu gato busca calmarte. El trabajo que se suele citar para afirmar que nuestros animales nos calman es el estudio de Sanne Peeters y Mayke Janssens, de la Open University, publicado en Frontiers in Psychology, que analizó casi 8.000 respuestas de dueños de perros y gatos de Países Bajos y Bélgica a los que una aplicación preguntaba cómo se sentían diez veces al día durante cinco días. Interactuar con la mascota se asoció con más emociones positivas y menos negativas, pero no sirvió de colchón en los momentos de estrés, ni con los perros ni con los gatos.

Con los gatos, incluso al revés. En el caso de los gatos el resultado fue el contrario al que promete la idea de la esponja emocional, porque en los momentos de estrés una interacción mayor con el animal se asoció con una relación más fuerte entre ese estrés y las emociones negativas, según detalla Frontiers en su nota sobre el estudio. Eso sí, los propios autores piden cautela, ya que la muestra de gatos era pequeña, de 58 dueños, el efecto también lo fue y el diseño del trabajo no permite hablar de causa y efecto.

El que busca seguridad es él. Lo que sí parece bastante sólido es que la relación funciona en la dirección contraria. El estudio de Kristyn Vitale y su equipo de la Universidad Estatal de Oregón, publicado en Current Biology en 2019, concluyó que el 65,8% de los gatos adultos analizados tenía un apego seguro con su cuidador, un porcentaje muy parecido al de los bebés, y que la mayoría utiliza a su dueño como fuente de seguridad cuando algo le estresa. Va en la línea de lo que te contábamos sobre por qué los gatos no son independientes, sino que los perros son muy dependientes, y de que los gatos nos reconocen cuando les hablamos como a bebés, pero sólo si somos quienes conviven con ellos.

Tu descanso puede pagarlo. Que sea una muestra de confianza no significa que sea lo mejor para dormir. Según el estudio de Christy Hoffman, del Canisius College, publicado en Anthrozoös en 2018 con casi 1.000 mujeres estadounidenses, los gatos que dormían en la cama resultaban igual de molestos para el sueño que una pareja humana y transmitían menos sensación de comodidad y seguridad que los perros. Y si tienes alergia, la veterinaria Wailani Sung advierte en PetMD de que el contacto prolongado de la cara con el gato puede empeorar los síntomas.

Cuándo preocuparse. Lo que sí merece atención es que cambie de golpe su manera de buscarte. Según la veterinaria Jessica Vogelsang en PetMD, un gato cariñoso que de repente no tolera que lo cojan, que duerme bastante más de lo habitual o que empieza a esconderse puede estar ocultando dolor, algo que los gatos hacen especialmente bien, así que en esos casos toca pasar por el veterinario.

Si quieres recuperar la almohada. Si te quita el sueño, la propia Wailani Sung propone en PetMD jugar con él antes de acostarte, ofrecerle una cama mullida cerca, por ejemplo en la mesita de noche, y premiarle cuando la utilice. Y si no te molesta, puedes seguir compartiendo almohada con la tranquilidad de que tu gato está a gusto contigo, aunque las preocupaciones, de momento, te las sigues quedando tú.

Imagen de portada | Pxhere

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