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Víctor Mañero, adiestrador canino: "A tu mascota no se le saluda a la entrada ni a la salida"

El educador canino pide llegadas y despedidas sin fiesta, un consejo que la ciencia sólo respalda a medias.

Jana Briede
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redaccion

Redacción Coco y Maya

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El educador canino Víctor Mañero defiende que las llegadas, las despedidas y hasta las visitas con tu perro transcurran sin fiesta para no disparar su excitación. Sin embargo, los estudios que han intentado medir el reencuentro de un perro con su dueño sólo le dan la razón a medias.

Volver a casa y encontrarte al perro esperando detrás de la puerta, dando saltos y moviendo el rabo, es una escena cotidiana. En ella, lo normal es agacharse y dedicarle unos minutos de caricias, pero el adiestrador canino Víctor Mañero lleva más de un año diciendo que ese gesto no es la mejor manera de gestionar la llegada a casa.

Ni al entrar ni al salir. “No se le saluda a la entrada, no se le saluda a la salida”, resume en una entrevista, porque la llegada de su responsable ya es un estímulo muy fuerte para el perro y añadirle atención sólo sube más su activación. La alternativa que propone al cruzar la puerta es coger al perro y darle mimos con calma o entrar “como si no existiera el perro”.

El bulldog de una de sus sesiones. Para defender su postura, el educador cuenta el caso de un bulldog francés que estaba nervioso esperando a su dueña y que, cuando ella entró y empezó a darle mimos, acabó sufriendo un problema de salud que él relaciona con ese pico de excitación. Según los detalles que ha dado el educador, el perro pasó de 180 a 220 pulsaciones por minuto al saludarla y sufrió un infarto. Aquello le afectó tanto que estuvo dos semanas sin trabajar, y lo resume así: “Lo que para ti es un gesto de cariño, para él puede ser una sobreexcitación que dispara el estrés”.

El timbre, con la misma lógica. Mañero aplica el mismo criterio a las visitas, ya que si cada vez que suena el timbre los que entran reciben al perro con caricias, juegos o atención, el animal puede acabar asociando ese sonido con la llegada de algo especialmente atractivo. Por eso, en su planteamiento, la puerta de casa debería dejar de ser un momento de máxima intensidad y pasar a formar parte de una rutina más tranquila.

Un caso difícil de comprobar. Pero lo del bulldog es una anécdota profesional sin ningún informe veterinario detrás, y los infartos como los de las personas son muy poco frecuentes en perros, según la cardióloga veterinaria Meg Sleeper, de la Universidad de Florida. Y es que los perros no desarrollan la enfermedad coronaria que los provoca en humanos, y su muerte súbita suele deberse a arritmias. Lo que sí describen los veterinarios en razas braquicéfalas como el bulldog francés es el colapso después de un momento de actividad, excitación o mucho calor, por cómo tienen construidas las vías respiratorias.

¿Es normal tanta euforia? Pues lo que han medido los estudios apunta a que sí, y a que va a más cuanto más tiempo pasa fuera el dueño. Un estudio de Therese Rehn y Linda Keeling, de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, grabó a doce perros que se quedaban solos media hora, dos horas y cuatro horas. Tras las ausencias largas, el saludo era más intenso, con más movimiento de cola, más lamidos de labios y más sacudidas.

Ignorarle no le calmó más. El mismo grupo fue un paso más allá en el estudio de Rehn y su equipo con doce perras beagle, en el que la persona volvía de tres maneras diferentes: con caricias y voz tranquilas, sólo hablándoles o ignorándolas por completo. Únicamente con contacto físico se mantuvo alta la oxitocina tras el reencuentro y bajó más el cortisol, la hormona del estrés. Vamos, que el saludo que mejor les sentó fue el de los mimos con calma, algo que encaja con la primera opción de Mañero pero no con la de hacer como si el perro no existiera.

La indiferencia, sin pruebas a favor. Tampoco hay mucha evidencia de que despedirse o saludar con poco entusiasmo prevenga los problemas de separación. Según resume la etóloga Patricia McConnell, dos trabajos de la Universidad Tecnológica de Texas, uno con 1.990 dueños encuestados y otro con doce perros de refugio, no encontraron que la intensidad de las despedidas y los reencuentros marcara diferencias, aunque los dos tenían sus limitaciones. Y el ensayo del Royal Veterinary College con 34 cachorros, presentado en noviembre de 2025, vio que los de dueños aconsejados para salir y volver con calma descansaban más tranquilos solos, pero sin una reducción significativa de las señales de angustia.

Lo del timbre sí tiene respaldo. En esto las fuentes veterinarias van en la misma dirección que Mañero. El equipo de veterinarios conductistas de VCA, con Debra Horwitz y Gary Landsberg entre sus autores, explica que el perro aprende enseguida a relacionar un sonido neutro como el timbre con la llegada de alguien, y que el ladrido se refuerza porque la puerta suele abrirse mientras ladra. Su propuesta, igual que la guía de la protectora británica Dogs Trust para preparar al perro ante las visitas, no pasa por ignorarle, sino por practicar el timbre sin que entre nadie y enseñarle a irse a su cama, donde se le premia con algo de larga duración mientras está tranquilo.

Cuándo toca ir al veterinario. Eso sí, otra cosa muy diferente es que el perro lo pase mal de verdad cada vez que se queda solo, un problema que afecta a alrededor del 20% de los perros según la revisión de Rachel Sargissons. En esos casos, según explica la propia Horwitz, el diagnóstico pasa por una consulta de conducta con exploración física previa, ya que hay enfermedades que cambian el comportamiento, y existen fármacos aprobados para perros que funcionan junto a un plan de modificación de conducta.

Lo que dice la ley. Y aquí entra también la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales, en vigor desde el 29 de septiembre de 2023. Su artículo 24.2.h obliga a recurrir a un veterinario o a un veterinario acreditado en comportamiento animal cuando la situación lo requiera, el 24.2.b exige educarlo con métodos que no le provoquen sufrimiento ni lo dejen en estados de ansiedad o miedo, y el 27.i prohíbe dejar a un perro sin supervisión más de veinticuatro horas seguidas.

Llegar con calma, sin hacerle el vacío. Mientras tanto, lo que apuntan los estudios es que puedes entrar sin montar una fiesta, esperar a que el perro baje revoluciones y saludarle entonces con caricias tranquilas, igual que con un perro que no conoces conviene dejar que te huela antes de tocarlo, como explicaba el adiestrador Alan Peiró. Y si en casa tienes un bulldog francés u otro braquicéfalo, quizá más que el saludo te convenga vigilar que la casa no esté calurosa cuando vuelvas, porque el calor es uno de los desencadenantes de esos colapsos que describen los veterinarios.

Imagen de portada | Jana Briede

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