El adiestrador mexicano, famoso por el programa ‘El encantador de perros’, pone la responsabilidad de la mala conducta del animal en el tejado de su dueño. Para Millán no hay perros malos, sino “dueños que no comprenden sus necesidades”.
Sin embargo, esta afirmación no coincide del todo con lo que dicen los veterinarios especialistas en comportamiento, ni tampoco con lo que exige la Ley de Bienestar Animal.
Tu perro puede sentarse cuando se lo digas, tumbarse, o volver en cuanto lo llamas en el parque, pero eso no significa necesariamente que esté bien educado. O ese es el punto de partida de la reflexión que defiende Millán. Para el adiestrador, muchos problemas de conducta no tienen que ver con que el animal no conozca las normas, sino con su entorno y con lo que pasa dentro de casa. Según el adiestrador, el perro acaba siendo una especie de reflejo de sus dueños.
Qué propone Millán. Su receta pasa por combinar límites claros, ejercicio, socialización y una rutina previsible, con la condición de que todas las personas de la casa vayan a una y apliquen las mismas reglas, porque el miedo, la ansiedad o la inseguridad del perro pueden manifestarse de maneras muy diferentes. También propone revisar la rutina y la manera de comunicarte con él antes de cambiar nada, y así no apostarlo todo a darle premios o imponerle castigos. Para Millán, el perro necesita entender cuál es su lugar en el grupo.
En lo que coinciden los veterinarios. La primera mitad de la idea no es nada descabellada. De hecho, el posicionamiento de 2008 de la Sociedad Estadounidense de Veterinarios de Comportamiento Animal (AVSAB) sobre la dominancia ya explicaba que la mayoría de los problemas de conducta de las mascotas no tienen que ver con quién manda en casa, sino con que el animal ha aprendido sin querer que esa conducta le funciona. Si comportarse de una manera les funciona, seguirán haciéndolo. Por eso ecomendaba atender siempre a su estado emocional y a las posibles causas médicas que hay detrás. Vamos, que muchas veces el perro hace justo lo que nosotros mismos le hemos enseñado sin darnos cuenta.
Y en lo que no. El problema llega con el método, porque en ese mismo documento la AVSAB pedía no utilizar la teoría de la dominancia como guía general para corregir conductas. En su posicionamiento de 2021 sobre el adiestramiento canino humanitario fue más allá, aconsejando no contratar a educadores que hablen de “dominancia”, “alfa” o “líder de la manada”, clasificando como intimidación técnicas como tumbar al perro boca arriba para someterlo y concluyendo que no hay pruebas de que los métodos aversivos sean necesarios. Y tampoco se trata de una crítica abstracta, ya que la propia AVSAB calificó en 2016 de inaceptable el enfoque de un episodio de ‘Cesar 911’ en el que un perro acabó atacando a un cerdo.
Lo que mide la ciencia. ¿Y eso se nota en el perro? Pues el estudio de Ana Catarina Vieira de Castro y su equipo en la Universidad de Oporto publicado en 2020 siguió a 92 perros de siete escuelas de adiestramiento, tres basadas en recompensas y cuatro en métodos aversivos. Los perros de estas últimas mostraban más señales de estrés durante las clases y subidas mayores de cortisol en la saliva, y los más expuestos a esos métodos se acercaban más despacio a un cuenco colocado en una posición ambigua, algo que los investigadores interpretan como un estado de ánimo más pesimista también fuera del entrenamiento.
Qué dice la ley en España. Aquí la discusión tiene además una vertiente legal, porque el artículo 24.2.b de la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales obliga a “educar y manejar al animal con métodos que no provoquen sufrimiento o maltrato” ni le causen ansiedad o miedo. Su artículo 27.ñ prohíbe también cualquier herramienta de manejo que pueda causar lesiones, con mención expresa a los collares eléctricos, de impulsos, de castigo o de ahogo, tal y como ya contamos en Coco y Maya cuando la norma estaba en tramitación. Eso sí, el criterio que fija la ley no es que el perro obedezca, sino que no lo eduquen a base de miedo, que es precisamente lo que más preocupa a los veterinarios.
Un consejo que sí encaja. Pero no todo lo que dice Millán choca con lo que aseguran los especialistas, porque otros consejos que ha ido virtiendo en sus charlas y libros como esperar a que el perro esté tranquilo para saludarlo al llegar a casa se parece bastante a lo que recomienda la AVSAB, que es no premiar sin querer la euforia y sí la calma, sin necesidad de convertirte en el jefe de ninguna manada.
Imagen de portada | César Millán
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