La caja en la que te llegó el último pedido online que hiciste tiene una segunda vida que le dará a tu gato mucha más diversión que cualquier juguete que le vayas a comprar. Y su valor real tiene que ver con el estrés y los cambios.
La Universidad de Utrecht lleva más de una década estudiando qué pasa cuando un gato tiene dónde esconderse, y sus resultados le dan la razón a la caja, aunque no por los motivos que se suelen repetir.
Lo que dicen los veterinarios. Una caja de cartón es mejor juguete para un gato que una cuerda, porque le baja el estrés, le ayuda a mantener el calor y le despierta el instinto de caza. Así lo explica el veterinario Carlos Gutiérrez, que defiende que la caja le da seguridad al animal. Eso sí, hay que tener ciertas precauciones, como quitar grapas, cinta adhesiva y etiquetas, además de no utilizar cajas que hayan contenido productos químicos o de limpieza.
Un estudio que da más datos. El estudio de Vinke, Godijn y van der Leij publicado en 2014 en Applied Animal Behaviour Science siguió a 19 gatos recién llegados a un refugio y midió su estrés observando su comportamiento con una escala llamada Cat-Stress-Score. En él, los gatos con caja tenían menos estrés los días 3 y 4, y aunque el día 14 los dos grupos estaban igual, los de la caja habían llegado a ese punto alrededor del tercer día. Otro ensayo que el mismo grupo publicó en 2019 en PLOS ONE demostró que el grupo con caja se estabilizó el segundo día y el grupo sin ella, el noveno. Vamos, que la caja no hace a tu gato más feliz para siempre, pero sí le ayuda a adaptarse mucho antes cuando todo a su alrededor es nuevo.
Un refugio, no una cura. Eso sí, el estudio de 2019 también vio que casi todos los gatos perdieron peso en esos doce días y la caja no lo evitó. Así que si tu gato deja de comer tras una mudanza, la caja puede tranquilizarle, pero no sustituye a la consulta con el veterinario.
Por qué funciona. Y es que, según los investigadores de Utrecht, tener dónde esconderse ayuda al gato a afrontar lo que le estresa durante sus primeras semanas en un sitio nuevo. Las directrices sobre necesidades del entorno de los gatos de la AAFP y la ISFM, dos de las principales asociaciones de veterinaria felina, ponen el lugar seguro como el primero de sus cinco pilares, con la caja de cartón de lado como ejemplo, y si hay varios gatos piden al menos un refugio por animal, cada uno con más de una entrada.
El calor también cuenta. También cuenta la temperatura, porque la franja en la que un gato está a gusto sin gastar energía para calentarse va de los 30 a los 38 grados. Es bastante más de lo que solemos tener en casa, y por eso es posible que una caja en la que caben justos les ayude también a conservar su propio calor.
Las cuerdas, mejor bajo vigilancia. El problema de la cuerda no es tanto el juego como el riesgo de que el gato se la trague, ya que los gatos son más propensos que los perros a sufrir obstrucciones por hilos o cuerdas, que se enganchan en la base de la lengua mientras el resto avanza por el intestino y puede perforarlo. Un artículo de la revista veterinaria Argos sobre cuerpos extraños lineales calcula que son un tercio de las obstrucciones en gatos. Por eso, si ves un hilo asomando de la boca de tu gato, no tires de él y llévalo al veterinario, porque el manual advierte de que tirar puede provocar una perforación.
La caña sigue haciendo falta. Pero las directrices de la AAFP y la ISFM no prohíben los juguetes con cuerda, sino que piden guardarlos al terminar, y recomiendan cañas con plumas que imiten a una presa para que el gato acabe atrapándolas, algo que ya contábamos en nuestra guía sobre los juguetes que divierten a los gatos sin perjudicarles. La caja es un buen refugio, pero para cazar hace falta que alguien esté al otro lado de la caña.
Cuándo sacarle partido. Si la caja ayuda sobre todo cuando hay cambios, donde más la vas a aprovechar es en una mudanza, en una temporada con visitas o con la llegada de un gato nuevo, para la que ya te explicamos cómo preparar la casa antes de que llegue un nuevo gato. Las directrices de la AAFP y la ISFM añaden un uso menos evidente, el del transportín como refugio portátil, de modo que si lo dejas abierto en casa como una caja más, quizá el día que toque ir al veterinario no lo vea como una trampa.
Imagen de portada | Ricardo Díaz
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