Entre limpiar, pintar contraventanas y arreglar bicicletas, quien consiga la plaza en Fortià tendrá también a su cargo a Rita, la gata de la casa, cada vez que su dueña se vaya de viaje. Y quedarse unos días con un gato ajeno, con la Ley de Bienestar Animal en la mano y lo que dicen las guías de medicina felina sobre el comportamiento de los gatos, tiene bastante más miga de lo que parece.
Sabine es una francesa que lleva muchos años viviendo en España, y busca ayuda y compañía para pasar el otoño y el invierno en su casa del Alt Empordà, en un pequeño pueblo situado entre Figueres y las playas de la Costa Brava. El trato consiste en tres horas de trabajo al día durante cinco días a la semana, con una estancia mínima de un mes, y las tareas van desde la limpieza de la casa y el mantenimiento del jardín hasta la restauración de muebles.
Rita, la reina de la casa. Pero hay una tarea que nos interesa bastante más que las bicicletas. En el anuncio que Sabine ha publicado en Workaway, la propia anfitriona explica que vive con una gata independiente, Rita, que a veces necesita un poco de atención cuando ella no está, algo que ocurrirá de vez en cuando porque durante estos meses viajará para visitar a su hijo. Por eso pide que el voluntario sea amante de los gatos, y deja claro que no puede acoger a nadie que llegue con su propia mascota.
Qué se pide y qué se ofrece. Los requisitos son tener al menos 30 años, un español básico y, aunque no es imprescindible, carné de conducir, ya que el coche de la casa es manual. A cambio, el voluntario tiene alojamiento, desayuno y comida, puede utilizar las bicicletas y apuntarse a las excursiones en la furgoneta de la anfitriona para conocer la comarca.
Un gato no puede estar solo más de tres días. Que una casa con gata necesite a alguien cuando su dueña se marcha no es sólo una cuestión de cariño. El artículo 27 de la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales prohíbe en su letra i) dejar sin supervisión a cualquier animal de compañía durante más de tres días consecutivos, un plazo que en el caso de los perros se reduce a 24 horas. Esta es una de las cosas que hacíamos antes y que con la Ley de Bienestar Animal pasan a ser multa. Pero eso no quiere decir que no puedas dejar a tu perro solo mientras estás en el trabajo, que es uno de los bulos sobre esta ley que se resisten a morir.
El voluntario también cuenta. Durante las ausencias de Sabine, quien se ocupa de Rita es el voluntario, y la ley tiene una figura pensada precisamente para eso, ya que su artículo 3, letra bb) define como persona responsable a quien, sin ser titular del animal, lo cuida o lo custodia de forma temporal o permanente. Vamos, que mientras la anfitriona está fuera el workawayer no es un simple invitado que rellena el comedero, sino la persona que tiene a la gata a su cargo, aunque cómo se repartirían las responsabilidades entre titular y cuidador si algo sale mal parece algo que dependería de cada caso.
Si el que se va eres tú. Cuando eres tú quien busca a alguien para quedarse con tu animal, conviene repasar las señales de alarma que hay que vigilar al elegir a un desconocido para cuidar a tu mascota, como que no te haga ni una sola pregunta sobre su carácter, su comida o sus juguetes. Pero si encuentras a alguien que pregunta por el horario del arenero antes que por la contraseña del wifi, quizá ya tengas la mitad del trabajo hecho.
Imagen de portada | Workaway
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