
Detrás hay lactancia, olor y confianza, pero conviene fijarse si tu gato acaba chupando la manta en lugar de limitarse a empujarla
Si tienes gatos la escena te suena. Estás en el sofá o la cama, y tu gato se pone sobre ti o sobre una manta y empieza a amasar. Esto es algo que podemos interpretar como que está relajado, pero no es exactamente eso.
La explicación con más peso entre los veterinarios y etólogos tiene menos que ver con ponerse cómodo que con sus primeras semanas de vida. Y una pista, la edad a la que el gatito se separó de su madre puede influir en lo que hace después con la manta, sobre todo si pasa de empujarla o amasarla a chuparla.
Un recuerdo de cuando mamaba. Cuando están amamantando, los gatos presionan las mamas de su madre con las patas para estimular la salida de la leche, una asociación entre el gesto, la comida y la calma parece mantenerse cuando crecen. Según explicaba en Scientific American la científica de comportamiento animal Leticia Fanucchi, ese masaje también podría liberar oxitocina en la madre, la hormona relacionada con el vínculo social. Vamos, que cuando tu gato te amasa la tripa está repitiendo, a su manera, lo que hacía con su madre.
También es una forma de firmar. Pero no todo es nostalgia, porque en las almohadillas de las patas hay glándulas que desprenden olor, de manera que al amasar el gato deja su marca sobre la manta o sobre ti, y de paso estira los músculos, según la misma experta. También hay otra posible explicación heredada de sus antepasados salvajes, que pisoteaban la hierba para preparar el sitio donde iban a descansar.
Una muestra de confianza. Kristyn Vitale, especialista en comportamiento animal de la Unity Environmental University y autora de un estudio sobre el apego de los gatos a sus dueños, opina que los gatos adultos dirigen hacia su humano la conducta que de pequeño dirigían hacia su madre, y que por eso amasar suele ser señal de que se siente a gusto y seguro. Y es que encaja con otras costumbres felinas, como la de dormir pegado a tu cabeza, que también se asocia con la confianza que te tienen. Pero la veterinaria Susan Nelson, de la Universidad Estatal de Kansas, que ya en 2009 relacionaba el amasado con la calma que el gato asocia a su madre, recuerda que buena parte de estas explicaciones siguen siendo teorías, y Vitale también añade que un gato que no amasa no quiere menos a su dueño.
Cuándo hay que fijarse más. Hay que fijarse en cuándo y cómo empieza a amasar tu gato, porque si este gesto aparece de repente o se vuelve excesivo también puede ser señal de estrés, ansiedad o de algún problema físico, y en ese caso lo más sensato suele ser comentarlo con el veterinario. Lo mismo ocurre si el gato no se limita a empujar la manta y acaba chupándola, una conducta que los investigadores consideran estereotipada y que, como verás un poco más adelante, se relaciona con cómo fueron sus primeras semanas.
Las uñas, mejor con una manta mullida. El problema práctico del amasado son las uñas, pero la solución podría ser tan sencilla como mantenerlas cortas y poner una manta o un cojín mullidos entre el gato y tu piel, sin regañarle, porque al fin y al cabo te está demostrando afecto. Lo que nunca es una opción es quitarle las uñas, una cirugía que, según llevan años diciendo los expertos, no se practica en España por el dolor que provoca y porque no aporta nada al animal. Además, el artículo 27 b) de la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales, en vigor desde el 29 de septiembre de 2023, prohíbe practicarles “todo tipo de mutilación o modificaciones corporales permanentes”, salvo por necesidad terapéutica. Al final, es como extirparle los dedos a una persona.
El destete, la parte que menos se cuenta. Si el amasado nace en la lactancia, la edad a la que el gatito deja a su madre también cuenta. El estudio del grupo de Hannes Lohi en la Universidad de Helsinki, con casi 6.000 gatos y publicado en 2017, concluyó que los destetados antes de las ocho semanas mostraban más agresividad y más conductas estereotipadas, como chupar lana, mientras que los que se quedaron con la madre hasta las 14 semanas tenían menos problemas de comportamiento. De hecho, los autores proponían retrasar al menos dos semanas la edad de separación recomendada.
Imagen de portada | Jonathan Cooper
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