César Millán, experto en educación canina: entender a tu mascota antes de corregirla, una de las claves para construir una relación de confianza

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  • El adiestrador conocido como "el encantador de perros" separa al perro que obedece del perro equilibrado y pone sus necesidades por delante

  • Dos estudios de la Universidad de Lincoln y de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena apuntan a que los perros reconocen nuestras emociones

Redacción Coco y Maya

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Que tu perro se siente cuando se lo pides no quiere decir que todo vaya bien en casa, y en eso insiste César Millán, el adiestrador conocido como “El encantador de perros”. Para él, convivir con un perro exige mucho más que enseñarle a obedecer, porque lo primero es conocer sus necesidades, y en más de una ocasión ha explicado que el 90% de los dueños tiene problemas con su perro porque desconoce cómo piensa.

Un reflejo de quien lo cuida. Pero el comportamiento del perro no depende sólo de lo que le enseñamos, sino también de cómo somos y cómo vivimos nosotros. Millán ha asegurado que “los perros reflejan la energía de su líder” y que las malas conductas suelen venir de la incompatibilidad entre la energía del dueño y la del animal. Vamos, que fijarte en cómo reacciona tu perro ante ciertas situaciones puede darte pistas sobre qué tienes que cambiar tú o qué falla en su entorno.

Obedecer no es estar equilibrado. Para el adiestrador, que un perro conozca y responda a varias órdenes no significa que esté equilibrado. Millán ha defendido darles mucho ejercicio y ponerles reglas, ya que, según él, hay quien les da “mucho cariño pero poca disciplina”. Esa idea del dueño como guía es la que desarrolla en su libro ‘El líder de la manada’, publicado en España por Aguilar, que se presenta como un manual para que el dueño se convierta en el líder que su perro necesita para llevar una vida equilibrada.

Las órdenes no borran los miedos. Solemos asociar el adiestramiento con enseñar al perro ejercicios concretos, aunque el que haya aprendido varias órdenes no quiere decir que no pueda sentir miedo, estrés o inseguridad en su día a día. Por eso conviene fijarse no sólo en si obedece, sino en cómo responde ante diferentes estímulos.

Eso sí, a la hora de adiestrarlo, el Manual de veterinaria de MSD recomienda tirar de las recompensas, como la comida, las caricias o las palabras, y huir del castigo, que puede acabar provocando más miedo y agresividad. También aconseja empezar en un entorno tranquilo e ir pasando a lugares con más distracciones, mientras que el American Kennel Club apuesta por sesiones cortas, de unos cinco minutos, para que el perro no se aburra ni se frustre. De hecho, el propio Millán ha contado que cada día, de madrugada, sacaba a pasear a su manada para bajarles la energía y que así “puedan esperar tranquilos el resto del día”.

Tu cara y tu voz cuentan. Y si te preguntas si tu perro se entera de cómo estás, hay estudios que apuntan a que sí. En uno de la Universidad de Lincoln publicado en 2016, los investigadores mostraron a 17 perros domésticos fotos de caras alegres o enfadadas, de personas y de perros, mientras sonaban voces o ladridos con una carga emocional positiva o negativa, y los animales miraron durante más tiempo la cara que encajaba con lo que oían.

“Hace tiempo que se debate si los perros pueden reconocer las emociones humanas”, explicaba Daniel Mills, profesor de la Escuela de Ciencias de la Vida de Lincoln y coautor del estudio, que distinguía entre aprender a reaccionar ante una voz enfadada y reconocer varias señales diferentes que, juntas, indican una emoción. “Nuestros resultados son los primeros en mostrar que los perros reconocen de verdad las emociones en los humanos y en otros perros”, añadía.

Las caras enfadadas no gustan. Un año antes, un equipo de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena enseñó a 20 perros, en una pantalla táctil, fotos de mujeres que aparecían tanto con la cara alegre o enfadada. A a un grupo se le premiaba por tocar con el hocico la cara alegre, mientras que al otro se le premiaba al tocar la enfadada. Al final, la mayoría de los perros aprendió a diferenciarlas.

Pero hubo una diferencia llamativa, ya que los que tenían que elegir la cara alegre aprendieron más rápido que los del otro grupo. “Parece que a los perros no les gusta acercarse a caras enfadadas”, explicaba Ludwig Huber, director del estudio, que se publicó en la revista Current Biology.

Mientras el adiestramiento busca que tu perro responda a indicaciones concretas, convivir bien con él pasa por entender lo que necesita y trabajar las conductas que le complican la vida dentro y fuera de casa, que es justo lo que Millán propone poner por delante.

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