Está en vigor: La Ley de Bienestar Animal prohíbe a todos los propietarios de perros y gatos someterlos a trabajos inadecuados o excesivos en tiempo o intensidad

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La norma no fija horas ni kilómetros: el límite lo marcan la edad, la salud y las características de cada animal

Redacción Coco y Maya

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Sacar al perro a correr contigo, alargarle la ruta del domingo o tenerlo toda la tarde detrás de la bici forma parte del día a día de muchos dueños, pero la Ley de Bienestar Animal nos dice dónde está el límite. En su artículo 25 se prohíbe someter a los animales a trabajos inadecuados o excesivos en tiempo o intensidad, y conviene prestarle atención.

En vigor desde 2023. La Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales se publicó en el BOE el 29 de marzo de 2023 y entró en vigor seis meses después, el 29 de septiembre de ese mismo año. La prohibición está en la letra g del artículo 25, el de las prohibiciones generales, que veta “someterlos a trabajos inadecuados o excesivos en tiempo o intensidad respecto a las características y estado de salud de los animales”, algo que afecta a más gente de la que parece.

Qué cuenta como trabajo excesivo. La ley no da una cifra de horas, kilómetros ni de esfuerzo máximo para definir el trabajo excesivo, y precisamente por eso la vara de medir es el animal concreto que tienes delante. ¿Significa esto que no puedes salir a correr con tu perro? Pues no, porque pasear, entrenar o hacer ejercicio adaptado no es por sí mismo un trabajo prohibido, aunque tampoco basta con que tu perro aguante el ritmo: la misma actividad que le sienta bien a un animal joven y sano puede ser excesiva para uno mayor, enfermo, lesionado o que ya llega agotado. Con los gatos el caso es más raro, pero el mismo artículo 25 también veta utilizar a los animales en espectáculos públicos o actividades artísticas, turísticas o publicitarias que les causen angustia, dolor o sufrimiento, y en cualquier caso en atracciones mecánicas o carruseles de feria.

Los perros que se quedan fuera. La ley no se aplica a todos los perros por igual. El artículo 1.3 deja fuera a los perros pastores y de guarda del ganado y a los perros de caza, rehalas y animales auxiliares de caza. También a los perros de rescate, los de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y las Fuerzas Armadas y los animales de actividades deportivas reconocidas por el Consejo Superior de Deportes, que se rigen por su propia normativa. La exclusión de los perros de caza fue la gran polémica de la tramitación, como contamos en Coco y Maya cuando el Congreso sacó adelante la ley en febrero de 2023. Vamos, que la prohibición se enfoca en los perros y gatos que viven en nuestra casa.

El criterio de fondo es veterinario. La Organización Mundial de Sanidad Animal define el bienestar como el estado físico y mental de un animal en relación con las condiciones en las que vive, y lo apoya en cinco libertades entre las que están no sufrir molestias físicas o térmicas ni dolor, lesiones o enfermedad. Así que la pregunta útil no es cuánto tiempo has estado fuera, sino cómo está tu animal antes, durante y después del esfuerzo, fijándote en si se fatiga más de la cuenta, le cuesta recuperarse, muestra dolor o cambia su comportamiento.

El calor lo cambia todo. Un paseo normal en una mañana fresca puede convertirse en un esfuerzo excesivo a mediodía en verano, sobre todo para los perros braquicéfalos como el bulldog francés o el carlino, los cachorros, los mayores, los que tienen sobrepeso o los que sufren problemas respiratorios o cardíacos, según la Organización Colegial Veterinaria Española y de varios colegios de veterinarios. Las primeras señales de golpe de calor son jadeo excesivo, debilidad, apatía y un babeo más abundante y denso, y ante síntomas como desmayos, convulsiones o mucosas violáceas lo que toca es ir de urgencia al veterinario.

Excesivo no significa dejarlo quieto. El extremo contrario tampoco le hace ningún favor a tu perro, y menos cuando empieza a hacerse mayor. El veterinario Carlos Rodríguez explica en El Español que a partir de los siete años hay que considerar que el animal entra en otra fase, pero que lo que conviene es adaptar el paseo a su ritmo y no eliminarlo, evitando los tirones de correa y las exigencias desmedidas.

Cuánto cuesta saltársela. El artículo 25 no lleva una multa concreta asociada. La cuantía depende de cómo se califique la infracción dentro del régimen sancionador de la ley, y puede ir de 500 a 200.000 dependiendo de la gravedad. Pero si lo que quieres es evitar que te multen, la manera más sencilla es comprobar si después de una salida tu perro tarda demasiado en recuperarse o algo no te cuadra. En estos casos, cuando veas que te has pasado tocará bajar el ritmo la próxima vez, adaptar las salidas a las capacidades de tu perro, y si tienes dudas consultar con el veterinario.

Imagen de portada | Pxhere

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