Que un perro tire de la correa durante el paseo es una de las situaciones con las que más se encuentran los etólogos, y aunque no figura entre los problemas más graves, que se repita varias veces al día puede acabar deteriorando el vínculo entre el animal y su tutor. Sobre ello ha hablado Enric Zeitz Celma, biólogo, etólogo, auxiliar veterinario y fundador de ETODOC Barcelona, y su punto de partida es que, para corregirlo, primero hay que entender al perro.
El temperamento manda. La explicación de fondo es bastante sencilla, ya que el perro quiere ir hacia un sitio y la correa se lo impide, pero a partir de ahí entran en juego muchos factores, y es tarea del tutor manejar bien la correa y enseñarle algunas pautas básicas para que, con algo de tiempo y constancia, los paseos acaben siendo mucho más tranquilos para todos. Según Zeitz, la raza, la edad y el nivel de energía influyen, y un perro mayor, por ejemplo, va a tirar mucho menos, aunque insiste en que “lo que más influye es el temperamento del animal”: un individuo tranquilo y reflexivo reacciona menos a los estímulos y, por lo tanto, tira menos que uno reactivo.
Y detrás de los tirones suele haber emociones. El etólogo explica que, ante un problema de manejo de correa, lo primero es ver si el perro tiene dificultades para gestionar el miedo, la frustración o la excitación, siendo esta última la más sencilla de trabajar, aunque a veces se mezclan dos o tres a la vez. Vamos, que conviene buscar siempre el origen de los tirones, porque puede estar en algo totalmente secundario.
Constante o con detonante. No es lo mismo un perro que tira todo el rato que otro que únicamente lo hace ante ciertos estímulos, y en este segundo caso es mucho más fácil averiguar qué está pasando. Zeitz pone el ejemplo de los perros que sólo tiran cuando ven el pipicán, porque quieren llegar a él, de modo que el tutor ya sabe qué quiere el animal y por qué tira.
Los que tiran constantemente, en cambio, suelen ser perros con un nivel de ansiedad alto o, en algunos casos, con fobia a salir a la calle, según el etólogo. Eso sí, advierte de que nunca hay una respuesta única ni sencilla, porque estos problemas normalmente son multifactoriales.
Empezar en casa. El primer paso, según Zeitz, es enseñar a las familias a trabajar el autocontrol y la tolerancia a la frustración del perro desde que es un cachorro y empieza a salir a la calle, o incluso antes, además de mostrarles qué herramientas y correas son las adecuadas y qué ejercicios pueden empezar a hacer. Ese trabajo arranca siempre en lo que él llama “condiciones de biblioteca”, en casa y sin estímulos, pasa después a zonas de la calle con casi nada que pueda distraer al animal y se va aplicando poco a poco en situaciones más complejas.
Con esa base, el objetivo es que el perro entienda que quien lo lleva es el centro, que tiene que seguirlo y que la correa es una limitación física que no debe estar activa todo el rato. Para conseguirlo, el etólogo considera que el refuerzo positivo, a través del juego y de los premios de comida, pero también de la interacción social con el tutor, es la mejor herramienta, porque los perros aprenden de una forma más efectiva y respetando mucho mejor su bienestar. Zeitz llega a afirmar que está demostrado que aprenden cuatro veces más rápido, mientras que un estudio de la Universidad de Oporto publicado en 2020 sí concluyó que los métodos basados en estímulos aversivos pueden comprometer el bienestar de los perros.
Cuando el perro tira, toca trabajar con redirecciones, con alguna palabra, con premios de comida o con un juguete, para que entienda que seguir a su guía siempre es mejor que seguir otra cosa y que un tirón nunca lo lleva adonde quiere. Y es que, según explica, muchos tutores dejan al cachorro ir donde quiere cuando tira porque “está aprendiendo”, y el perro acaba entendiendo que tirar tiene recompensa, así que pide ser muy consistentes desde el principio.
Sesiones cortas y sin gritos. Zeitz recomienda entrenar cada día de forma constante, entre diez y 15 minutos diarios repartidos en sesiones muy cortas, por ejemplo una por la mañana y otra por la tarde, en las que él hace tres o cuatro repeticiones, para, juega un rato y vuelve a empezar. Lo importante, insiste, es que no sea mucho rato, que sea en positivo y que el tutor también tenga ganas: “Es mejor no trabajar que trabajar si estamos con poca energía o con mal humor, porque entonces lo vamos a pasar al animal”, asegura.
Si en casa hay más de una persona, conviene que participen todas, ya que el perro generaliza y entiende que el mismo trabajo vale con todo el mundo, algo que para el etólogo es una cuestión de consistencia y de claridad. Entre los errores más frecuentes cita el de responder al tirón con otro tirón, la típica de “te tiro yo para atrás”, un tira y afloja que no hace más que aumentar la excitación, la frustración y el miedo si lo hay, y también el de frustrarse y gritarle al animal, porque aunque la situación pueda resultar muy frustrante, las riñas no la mejoran.
Tampoco ayuda repetir una y otra vez “no tires”, “quieto” o “ven aquí”. Según Zeitz, una señal funciona cuando antes se ha asociado a un premio o a una acción, y aun entonces debe decirse una vez y esperar a que el perro entienda y actúe, porque repetirla todo el rato diluye su efectividad. Por eso recomienda reservar los “no”, los “ay” y los “uy” para los momentos de emergencia.
El paseo es para él. Para el etólogo, el paseo es la mejor parte del día del perro, y eso implica hacer concesiones y dedicarle ese tiempo en lugar de aprovecharlo para ir a comprar o hacer otros recados, porque entonces no se cubren sus necesidades, no se le deja oler, el animal se pone más nervioso y aparecen los tirones y los conflictos. Tampoco cree que sea buena idea que camine siempre pegado al tutor, porque el “junto” es un ejercicio de obediencia que exige mucha concentración y conviene reservarlo para momentos concretos, como cruzarse con alguien en una calle muy estrecha, de modo que el animal sepa que debe ir pegado hasta que se le libere. El resto del tiempo, el perro tiene alrededor de su guía un área de acción que marca la correa: “Que el perro esté delante, a la derecha o a la izquierda, me da igual, siempre y cuando yo esté en su centro”, resume.
Pero todo esto pasa por conocer al animal antes de ponerse a enseñarle. Zeitz cuenta que ve familias que repiten aquello de “es que en casa siempre hemos tenido perro”, algo que no significa entender cómo piensan los perros: “Es como decir: ‘No, es que yo tengo un coche, pues soy mecánico’; no es lo mismo”.
Por eso recomienda informarse antes de adoptar sobre qué tipo de perro va a llegar a casa, su raza, su procedencia, su etapa neonatal y sus necesidades, y adaptar las expectativas a cada individuo, igual que hacemos en nuestras relaciones con amigos y familiares, a los que también tenemos que conocer, porque ocurre mucho eso de querer un border collie porque es mono cuando, para vivir en el centro de una ciudad, encaja mejor otro tipo de perro. “No pedirle peras al olmo, básicamente”, añade.
En cuanto a cuándo pedir ayuda, el etólogo es partidario de no esperar a que surja un problema, y además de asesorarse bien antes de adoptar, recomienda que, al cabo de una semana de tener al perro en casa, un profesional dé consejos y pautas para empezar a trabajar. Su receta pasa por la prevención y la educación en positivo, además de conocer primero la etología y la psicología de los perros en general y después al perro de cada uno.
Foto | Amy Humphries
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