Jugar con tu gato con las manos o los pies parece algo inofensivo cuando es pequeño, es divertido ver cómo intenta atacar. Pero a la larga puede acabar convirtiéndose en un problema peligroso. Los expertos en comportamiento felino coinciden en que esta costumbre fomenta conductas agresivas en el animal, y que cuanto más tiempo juegues con él de esta manera más va a costar que deje de atacar a tus extremidades. Y es que este es un juego tierno, pero que despierta el instinto cazador del gato, que no va a distinguir entre horas que sí puede jugar y otras en las que no.
Dedos que parecen presas. Para un gatito, las manos y los pies resultan muy atractivos porque se mueven, se agitan y se retiran rápido. Por eso, cuando movemos los dedos delante de él, los toma por una presa y se lanza a por ellos como si fuera una caza de verdad, una actividad que difumina sin querer la frontera entre jugar y cazar.
Mordiscos que crecen con él. Pero el juego puede convertirse en problema problema llega cuando el gato se hace mayor. La guía sobre el juego de los gatitos de la Facultad de Veterinaria de UC Davis lo resume en que lo gracioso a las diez semanas duele a los diez meses, y Levine añadía que con la edad los dientes crecen y la mandíbula gana fuerza. Una revisión de veterinarias de la Universidad Estatal de Carolina del Norte advierte de que esta agresividad en el juego puede volverse más lesiva con los años, hasta acabar en unos mordiscos que realmente pueden hacerte heridas.
Unas veces sí y otras no. Según llevan tiempo diciendo organizaciones de protección animal, el gato tampoco entiende que tus manos sean un juguete unos ratos y otros no, siempre se comportará igual. Y si encima recibe castigos físicos, puede coger miedo a las manos y pasar del juego a una agresividad real.
Un juguete de por medio. Por suerte, todo esto se puede evitar poniendo siempre un objeto entre el gato y tu cuerpo. Las asociaciones recomiendan que el juguete quede lejos de tus manos, y proponen cañas con plumas que se muevan como una presa o cajas de cartón para investigar. De esta manera el gato canaliza su energía y aprende que las manos son para las caricias.
Eso sí, con las cuerdas hay que ir con cuidado: los hospitales veterinarios VCA aconsejan no dejar las cañas a su alcance sin vigilancia, porque el gato puede enredarse o tragarse el hilo, algo que puede ser muy peligroso.
Y si tu gato ya ha cogido la costumbre, toca buscar ayuda profesional para reconducirla. El Manual de veterinaria de MSD recuerda que estos problemas requieren la consulta de un etólogo certificado y que, cuanto antes empiece el tratamiento, más posibilidades tiene de funcionar, ya que una conducta que se repite puede acabar fijándose. El objetivo es que el juego tenga unos límites seguros para los dos.
Foto | Galina Bogdanova
Ver 0 comentarios