Solemos dar por hecho que a finales de año las garrapatas van perdiendo actividad, pero una investigación realizada en Bélgica apunta en la dirección contraria. Los investigadores descubrieron que la migración otoñal de los zorzales alirrojos (Turdus iliacus) podría estar moviendo por Europa muchos más de estos parásitos de lo que se pensaba, y justo en esas fechas. Los autores calculan que en el otoño del 2024 estas aves podrían haber llevado hacia el sur cerca de 100 millones de garrapatas infectada.
Tres de cada cuatro zorzales. El trabajo, firmado por un equipo encabezado por Dieter J. A. Heylen, investigador de la Universidad de Amberes, se publicó en septiembre de 2026 y se basa en capturas realizadas en noviembre de 2022 y noviembre de 2024 en la zona de Flandes que va de Amberes a Herentals. Se eligió esa zona porque allí se cruzan las rutas migratorias que bajan del noreste de Europa, de Escandinavia y de las islas británicas.
En la campaña de 2024 los investigadores examinaron 284 zorzales alirrojos y encontraron garrapatas en el 72,9% de ellos, una proporción prácticamente calcada a la de 2022, cuando el 72,2% de los 108 ejemplares revisados también llevaba estos parásitos. De hecho, tras revisar trabajos anteriores los autores sitúan estos niveles de infestación entre los más altos documentados para esta especie en Europa en los últimos 70 años.
En total retiraron 733 garrapatas, con Ixodes ricinus como especie dominante, presente en el 67,6% de las aves, mientras que Ixodes frontalis, más especializada en parasitar pájaros, apareció en el 10,6%, y algunos zorzales llevaban las dos a la vez. Además, los ejemplares nacidos ese mismo año cargaban con más garrapatas que los adultos, algo que podría deberse a que los jóvenes, más inexpertos, se exponen más, o a que los adultos han desarrollado cierta resistencia, aunque los propios investigadores reconocen que sus datos no permiten saber cuál de las dos explicaciones es la buena.
Bacterias de la enfermedad de Lyme. Pero el equipo no se quedó en contar parásitos, sino que analizó su contenido para comprobar si llevaban agentes infecciosos. De las 733 garrapatas, 698 llegaron en condiciones de someterse a los análisis moleculares, y en 90 de ellas, el 12,9%, se detectaron bacterias del género Borrelia, con seis genoespecies del complejo Borrelia burgdorferi sensu lato, entre ellas B. garinii, B. valaisiana, B. turdi, B. afzelii y B. burgdorferi sensu stricto.
También apareció Borrelia miyamotoi, una bacteria relacionada con las fiebres recurrentes que transmiten las garrapatas. Y es que varias de estas bacterias están detrás de la enfermedad de Lyme, una infección que, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estadounidenses, suele dar la cara con fiebre y una erupción característica en la piel y que, si no se trata, puede extenderse a las articulaciones, el corazón y el sistema nervioso.
Lo más curioso es que en las garrapatas había tanto genoespecies asociadas habitualmente a las aves como otras ligadas sobre todo a mamíferos, lo que abre la puerta a que algunas hubieran adquirido la bacteria en una comida anterior, sobre otro animal, antes de engancharse al zorzal. Pero hay un matiz importante, porque aunque había garrapatas infectadas en casi un tercio de los zorzales que llevaban Ixodes ricinus, los investigadores no analizaron la sangre de las aves, así que no se puede afirmar que esos pájaros estuvieran infectados ni que transmitieran la bacteria.
Polizones a miles de kilómetros. Las larvas y ninfas de garrapata pueden pasar varios días enganchadas a su hospedador mientras se alimentan, y cuando terminan se desprenden y siguen desarrollándose en el entorno, de modo que una garrapata que se subió a un zorzal en un punto de Europa puede acabar bajándose a cientos o miles de kilómetros de allí. Y si lleva microorganismos potencialmente patógenos, también los está cambiando de región, aunque llevar encima una garrapata infectada no convierte al ave en un reservorio de la enfermedad, ni encontrar ADN bacteriano en una garrapata demuestra por sí mismo que la bacteria siga viva o que pueda infectar a un nuevo hospedador.
100 millones de garrapatas infectadas: Para calcular un número de garrapatas infectadas, el equipo tomó las estimaciones de población migratoria del zorzal alirrojo en Europa, de entre 16 y 28 millones de adultos y de entre 120 y 210 millones de ejemplares nacidos en el año. Después les aplicó las cargas de garrapatas y las tasas de infección que había medido en Bélgica, con lo que calculó que en el otoño de 2024 la especie podría haber transportado cerca de 100 millones de garrapatas infectadas hacia el sur del Paleártico occidental.
Vamos, que que no es que se hayan contado las garrapatas una a una, simplemente han llegado al número con una operación matemática. Por eso, los propios autores piden cautela, porque lo que pasa en un punto de Bélgica tampoco es representativo de toda la población migratoria europea. Y tampoco hay que confundir esa cifra con nuevos casos de enfermedad, porque para que haya una transmisión efectiva la garrapata tiene que sobrevivir y mantener el microorganismo hasta dar con un nuevo hospedador susceptible.
Otoños más suaves. Los investigadores relacionan lo que vieron con el tiempo que hizo durante las dos campañas, ya que, según el mismo estudio, el otoño europeo de 2022 fue el tercero más cálido registrado y el de 2024, el quinto, con una temperatura media sobre tierra que, entre septiembre y noviembre, quedó 1,25 °C y 0,98 °C por encima de la media de 1991-2020, respectivamente.
La explicación tiene que ver con los diferentes relojes que siguen aves y parásitos, porque los zorzales organizan sus viajes sobre todo en función de la duración del día, mientras que las garrapatas, al ser animales ectotermos, dependen mucho más de la temperatura para estar activas y buscar hospedador. Por eso, cuando el otoño viene suave, las garrapatas pueden seguir activas más tiempo y coincidir con unas aves que todavía están cruzando Europa camino de sus zonas de invernada.
El caso de España. España recibe cada invierno zorzales alirrojos llegados del norte del continente, desde lugares como Escandinavia, Islandia, Rusia, Gran Bretaña o Polonia, según la ficha de la especie en Birdwatching in Spain. Eso convierte el estudio en una línea de investigación interesante para el sur de Europa, porque la especie pasa el invierno en zonas de arbolado y matorral, algunas con condiciones favorables para las garrapatas.
Pero comprobar si aquí ocurre lo mismo exigiría muestrear las aves en sus puntos de entrada y en sus zonas de invernada para identificar qué garrapatas traen y si llevan Borrelia u otros agentes infecciosos, y comparar después varias temporadas para ver si los otoños cálidos aumentan la coincidencia. Eso sí, por el momento nada en esta investigación demuestra que los zorzales alirrojos estén aumentando las garrapatas infectadas en España ni que su llegada haya disparado las enfermedades que transmiten estos parásitos.
Lo que sí muestra el trabajo es que, con otoños suaves como los de 2022 y 2024, la migración de estas aves puede coincidir con una actividad notable de garrapatas incluso en noviembre, una vía de dispersión que podría estar pasando desapercibida y que, si se confirma en otras rutas y temporadas, obligaría, en opinión de Club de Caza, a revisar cómo entendemos la estacionalidad de las garrapatas y su relación con las migraciones de la fauna salvaje.
Foto | Marko Hankkila
PIVOTS A METER (borrar este bloque antes de publicar): Sin pivots verificados
Ver 0 comentarios