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A la 'Jurassic Park': encuentran indicios de glóbulos rojos en fósil de dinosaurio en Brasil

  • El estudio analiza un hueso de Aratasaurus museunacionali, un dinosaurio carnívoro que vivió en Brasil hace unos 115 millones de años

  • Su autora principal, Kliti Grice, avisa de que el estudio no documenta ADN de dinosaurio

Descubrimiento
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redaccion

Redacción Coco y Maya

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Un equipo internacional de investigadores ha encontrado en el hueso de la pata derecha de un ejemplar hallado en Brasil lo que considera la prueba más sólida hasta la fecha de la presencia de células sanguíneas en un fósil de dinosaurio. El animal era un Aratasaurus museunacionali, un carnívoro que vivió en lo que hoy es Brasil hace unos 115 millones de años, durante el período Cretácico.

Qué han encontrado. Los investigadores identificaron en el hueso numerosas estructuras microscópicas que parecen glóbulos rojos fosilizados y, junto a ellas, indicios químicos de hemo, una biomolécula que contiene hierro y que va asociada a la hemoglobina, la proteína que da a la sangre su color rojo. Todo ello apareció en los canales vasculares del interior de los huesos, según el comunicado de la Universidad Curtin, que lidera el trabajo.

Eso sí, nadie ha encontrado sangre de dinosaurio como tal. “No hemos encontrado un frasco con sangre de dinosaurio. Lo que estamos viendo es un eco mineral y molecular de la biología antigua, y eso es científicamente mucho más interesante”, afirmó Kliti Grice, geoquímica orgánica e isotópica de la Universidad Curtin, en Perth (Australia), y autora principal del estudio, publicado el 2 de noviembre de 2026 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Por qué es tan raro. Los glóbulos rojos se forman en la médula ósea y son los encargados de llevar el oxígeno desde los pulmones hasta los tejidos y de devolver el dióxido de carbono a los pulmones para que se exhale, según explica el Manual de veterinaria de MSD. Pero, a diferencia de los huesos y los dientes, los tejidos blandos como los músculos o las plumas rara vez se conservan en los fósiles, y las células de los fluidos corporales, como la sangre, aparecen todavía menos, según la misma crónica de Reuters.

De ahí la sorpresa de la propia Grice: “Para mí, lo más sorprendente es que podamos observar las estructuras junto con pruebas químicas de su origen biológico tras un lapso geológico tan prolongado”, señaló.

El dinosaurio de la mina. El ejemplar estudiado era un bípedo de unos 3,1 metros de largo y se cree que era un juvenil o un adulto joven de unos cuatro años cuando murió, unas cifras que coinciden con la descripción de la especie publicada en 2020 en Scientific Reports. Según el paleontólogo Alexander Kellner, del Museo Nacional de Brasil y coautor del estudio, el fósil salió de una mina de yeso del estado de Ceará, en el noreste del país, e incluye partes del fémur derecho, la tibia y el pie.

Del ADN, nada. Grice advirtió de que la investigación no documenta ADN de dinosaurio y de que el hallazgo no debe tomarse como prueba de que exista material genético intacto. “El ADN y otras biomoléculas grandes y ricas en información tienen características de conservación muy diferentes a las de las moléculas pequeñas y los restos moleculares transformados químicamente”, explicó, antes de añadir que “la supervivencia de una morfología similar a la celular y de señales químicas relacionadas con el hemo no significa que el ADN que originalmente contenían las células haya sobrevivido”.

Algo parecido ocurre con el colágeno, una proteína estructural abundante que funciona como una especie de andamio que mantiene unidos los tejidos del cuerpo. El equipo detectó aminoácidos relacionados con él, aunque Grice aclaró que eso no equivale a recuperar una proteína antigua intacta ni información genética. Vamos, que el material genético es otra historia: el ADN más antiguo conocido procede de animales, plantas y microorganismos de hace unos dos millones de años, hallados en sedimentos del norte de Groenlandia, según el anuncio de la Universidad de Copenhague de 2022.

Lo que sí defiende la autora es el conjunto de pruebas. “Lo que creemos que distingue al presente estudio es la solidez de las pruebas combinadas: numerosas estructuras similares a glóbulos rojos in situ dentro del hueso del dinosaurio, su mineralización, su ubicación en el sistema vascular y las pruebas químicas in situ asociadas relacionadas con el hemo”, afirmó Grice, que añadió que, hasta donde saben, esa combinación no se había demostrado antes de esta manera en un fósil de dinosaurio.

Foto | YouTube

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