Por qué es tan importante ofrecerse como casa de acogida para perros y gatos

Por qué es tan importante ofrecerse como casa de acogida para perros y gatos
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Cada primavera, muchas protectoras y asociaciones lanzan el mismo mensaje en las redes: "Necesitamos casas de acogida." Es habitual que la gestación de los gatos de la calle se solape con el final del invierno y los centros se vuelvan a saturar de cara a la primavera.

Por desgracia, no hay época para el abandono, si bien el final de la temporada de caza y el verano son momentos clave donde aumentan el número de perros y gatos en protectoras, las cifras de abandono en España siguen siendo de las peores de Europa.

La dificultad de establecer y controlar colonias felinas mediante el método CER en algunas zonas, los abandonos y la cría ilegal suponen un duro reto para modificar la realidad española. Así, detrás de las cifras, hay miles y miles de casos que buscan una segunda oportunidad.

Protectoras saturadas, acogidas imprescindibles

Uno de estos casos es el de Llum (Luz, en catalán), una gatita que recientemente perdió a sus cachorros —probablemente, debido a la desnutrición y a las duras condiciones de vida en la calle— y que, ahora mismo, se encuentra de acogida entre mi casa y la de mi pareja hasta su recuperación. Después, será momento de buscarle un hogar definitivo para que viva una vida larga y feliz.

Pero volvamos, por ahora, a lo que representan las casas de acogida en un contexto de total saturación. Es habitual que las protectoras y asociaciones busquen casas seguras para cachorros lactantes, perros ancianos, enfermos e incluso para personas que no pueden cuidarlos por enfermedad grave.

El CAACB de Barcelona, por ejemplo, suele pedir acogidas de ocho semanas a tres meses y, en algunos casos, de larga estancia hasta encontrar un adoptante. Esta es la opción más habitual para ser casa de acogida: hablar con un centro u organización y pasar a la reserva. Cuando existan urgencias (cuando lleguen camadas, haya gatitos o perros enfermos que no llevan bien las condiciones de estrés de una protectora y un largo etcétera), nos llamarán y preguntarán si podemos acoger.

Llum Fotos3

Las condiciones de la mayoría de centros son las mismas: la casa de acogida no tiene gastos agregados;  los centros pagan la comida, la atención veterinaria y todo el desembolso económico agregado. A la familia que acoge al animal se le pide cuidar con respeto y amabilidad y atender al animal en lo que necesite. A partir de aquí, cada caso será un mundo.

La cara "B" de convivir un tiempo con un animal, para mucha gente, puede ser la creación de lazos afectivos y la difícil decisión de decirle adiós. Por descontado, siempre podemos adoptar a ese animal (ningún centro o protectora verá esto mal, siempre y cuando reunamos las condiciones: aunque esto ya te lo imaginarías), pero este no es el fin habitual de ser casa de acogida. Además, encontrar una casa definitiva pocas veces se traducirá en un "no volverle a ver", si tú no quieres.

Los motivos para ser casa de acogida

Sí es cierto que empezará un nuevo episodio en al vida de ese animal, y en la tuya (con suerte, con otra acogida), pero te llevarás contigo toda una serie de aprendizajes y experiencias gratificantes. Nos encontramos en el camino, aprendemos el uno del otro, y seguimos, para poder llegar y ayudar al siguiente animal que lo necesite.

En mi experiencia, acoger debe significar apoyar y aliviar el trabajo de terceros y, a la vez, tener la posibilidad de vivir experiencias gratificantes (y, hay que decirlo, a veces también duras). La responsabilidad de las casas de acogida recae en el cuidado de recién nacidos, cachorros, animales enfermos y de difícil salida. En algunos casos, con la formación adecuada, también de perros y gatos con problemas de conducta que pueden tener un pronóstico mucho mejor fuera de los centros.

Llum Acogida Foto2

Ser casa de acogida es una de las mejores cosas que he hecho nunca. Y por eso lo he vuelto a hacer una y mil veces. Casi siempre, los perros y gatos que han entrado en casa como acogidas, lo han hecho a través de una asociación o protectora. Esta vez, la gatita estaba muy cerca, en mi propia casa, pidiendo ayuda de la mejor forma que sabía. Ahora, ya, en unos días, empieza la fase de buscar un nuevo hogar para Llum —que es una gata sociable, mimosa, atenta y casera— con la ayuda de las compañeras de ADAC Cerdanyola, y espero poder actualizar este artículo en un tiempo y decir: "Lo conseguimos."

Ser casa de acogida también implica no mirar hacia otro lado. Parar el coche. Colaborar con las colonias felinas cercanas a tu casa. Darle una buena vejez a un "viejete" que no queremos que viva el resto de su vida en el chenil de protectora.

Si tengo que resumirlo mucho, mucho, diría que acoger es justo lo contrario a lo que pasó con los gatos en Palma de Mallorca, que vivieron hacinados diez años en un solar, mientras todo el mundo se empeñaba en pasar de largo. Y lo mejor: ser casa de acogida puede serlo casi todo el mundo. Te vas a tener que esforzar, hacer un trabajo extra cada día, pero ¿te cuento un último secreto? Dan mucho más de lo que piden: todos, siempre. Quizá, a veces, no te lo parece, pero, luego, descubres que sí.

Fotos | Javier Ruiz

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