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Los veterinarios lo explican: tu perro no olfatea el trasero de otros perros por casualidad, posee un sistema de escaneo natural muy avanzado

  • La veterinaria Shannon Barrett compara ese saludo con la primera impresión visual de las personas: los perros se forman la suya con el olfato

  • El órgano de Jacobson, que los humanos no tenemos, explica por qué muchos abren la boca mientras huelen

Anastassia Anufrieva Q2mv5oq6w54 Unsplash
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redaccion

Redacción Coco y Maya

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Cuando dos perros se cruzan por la calle, lo habitual es que acaben con el hocico pegado a la cola del otro, un saludo que a nosotros nos resulta algo incómodo pero que para ellos es de lo más natural. Detrás de esa costumbre hay un olfato muchísimo más potente que el nuestro, capaz de captar señales químicas que no percibimos y que les sirven para identificar a otros perros.

Una nariz de otra liga. Según el programa de divulgación NOVA, un perro puede tener hasta 300 millones de receptores olfativos, mientras que las personas rondamos los seis millones. Eso sí, la cifra cambia bastante de una raza a otra, y según la tabla de Stanley Coren y Sarah Hodgson va de unos 125 millones en el teckel a los 300 millones del sabueso de San Huberto. Además, olfatean muy rápido, unas cinco veces por segundo según un estudio de la Universidad Estatal de Pensilvania, lo que da una idea de lo importante que es este sentido para ellos.

Pero el número no lo explica todo. Cuando inspiran, un pliegue de tejido situado justo dentro de la fosa nasal ayuda a separar el aire que va a los pulmones del que se dirige a la zona olfativa, según el mismo reportaje de NOVA, y la parte del cerebro que dedican a analizar olores es, en proporción, mucho mayor que la nuestra. Vamos, que oler y respirar van por caminos diferentes.

Un saludo con ficha completa. “Cuando nosotros, como personas, conocemos a alguien nuevo, nuestra primera impresión se basa en la vista. Los perros son diferentes, su primera impresión se forma oliéndose unos a otros”, explica Shannon Barrett, veterinaria a domicilio en Charleston, en Estados Unidos.

Y es que con ese olfateo obtienen pistas sobre el otro perro, como su sexo, su estado de salud o reproductivo y su identidad. Buena parte de esa información sale de las glándulas anales, cuyas secreciones tienen un olor propio de cada perro, según el mismo artículo.

El órgano de Jacobson. Los perros cuentan además con el órgano de Jacobson, una estructura que los humanos no tenemos, situada en el paladar y que capta sustancias como las feromonas, que entran por la boca antes de llegar al cerebro. “Esto explica por qué los perros suelen abrir la boca cuando olfatean el trasero de otro perro, ya que están utilizando el órgano de Jacobson”, añade Barrett en Rover.

De hecho, la veterinaria explica que, una vez que detectan las feromonas, las señales llegan rápidamente al cerebro y provocan una reacción emocional, “por eso los perros reaccionan de repente a las feromonas de otros perros sin pensar”.

Cuándo dejarlos y cuándo no. Si los dos perros están relajados, lo normal es dejar que completen el saludo, que en los paseos con correa conviene que dure apenas unos segundos, según aconseja en Bay Woof la consultora de comportamiento canino Ren Volpe. La experta también recomienda no acortar la correa en ese momento, porque puede crear tensión o frustración en el perro.

Pero si uno de los dos esconde la cola, se queda rígido o gruñe, toca separarlos, según Barrett. Y lo mismo si el que olfatea se pone demasiado insistente: en Purina explican que un olfateo tan intenso puede acabar en agresividad, así que lo mejor es redirigir su atención o apartarlo.

Otras manías con explicación. Oler traseros no es la única costumbre curiosa de los perros. Algunos comen piedras, algo más frecuente en ciertas razas y que conviene evitar, ya que las piedras pueden quedarse retenidas en el estómago o incluso perforar el intestino, según advierte una veterinaria en Consumer.

Otra costumbre que viene de lejos es dar varias vueltas antes de tumbarse, un gesto que se suele atribuir a sus antepasados lobos, que giraban para aplastar la vegetación, preparar una cama cómoda y vigilar los alrededores.

En cuanto a perseguirse la cola, en los cachorros suele ser un juego de lo más normal, aunque también puede ser una forma de lidiar con el aburrimiento o el estrés. Pero si un perro adulto empieza a hacerlo de repente, con mucha frecuencia o sin ser capaz de parar, lo recomendable es consultarlo con el veterinario.

Imagen de portada | Anastassia Anufrieva

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